La Infanta Cristina, en La Caixa

Redacción, 27 de junio de 2022

Los últimos enredos del Rey Emérito han cogido a Isidro Fainé tan entrenado en sortear obstáculos que ni siquiera sale en los papeles cuando se habla de los problemas de don Juan Carlos.

Será porque ya tiene bastante con Villarejo, pero lo cierto es que los vínculos del presidente de la Fundación la Caixa con la Casa Real siguen siendo estrechos.

A la sombra del poder

No hay modo de saber cuándo empieza la vinculación de Fainé con don Juan Carlos. Hay quien puede pensar que desde siempre, pero eso es imposible, porque el presidente de la Fundación la Caixa empezó en su Manresa natal con 13 años arreglando bicicletas por 52 pesetas a la semana.  Y en esas condiciones no es fácil relacionarse con la Monarquía.

Su carrera fue meteórica, en parte porque se empeñó en formarse mucho y bien -es sintomática la anécdota de que en su tesis doctoral no hay, contra lo usos frecuentes, ni dedicatorias ni agradecimientos: todo sustancia-, pero también porque supo buscarse los aliados necesarios.

Hacerse del Opus ayudaba mucho, sobre todo cuando Fainé era joven. Aunque conviene tener en cuenta que siempre supo ponerse a la sombra del poder, fuera este cual fuera: UCD, el PP, el PSOE de Felipe, el PSC de Montilla, Ciudadanos cuando Rivera, y todo por ahí.

Supo hacerse rico pronto y a partir de ahí influyente. Por algo en su entorno -desde el chófer al de seguridad- todos lo llaman «el señorito».

1993, un año clave

Contratar a la Infanta Cristina en la Fundación la Caixa fue uno de sus grandes pelotazos. O al menos eso le pareció a todo el mundo por aquel entonces.  Año 1993. La Familia Real era una piña, nadie pensaba en abdicaciones ni botsuanas, y Cristina e Iñaki Urdangarín eran la pareja de moda. ¿Qué podía salir mal?

Casi todo salió mal, pero 30 años después, con el rey emérito devastado, y caso Nóos por medio, la infanta sigue trabajando en  La Caixa, en una relación extraña y tan confusa como todos los asuntos que rodean a Fainé.

Magalí y el ghostwriterIVán Carballido, el ghostwritter

Porque en las cosas del presidente de Criteria todo se enreda como en un cesto de cerezas. Por ejemplo, la hija pequeña de los ocho hijos de Fainé, Magalí, acreditada profesional del marketing, trabaja desde hace años en una reconocida  agencia con sede en Barcelona.

La agencia en cuestión, Roman, una de las más prestigiosas del sector, está dirigida por Silvia Alsina, persona ligada a lo más florido del famoseo catalán, y cuenta entre sus directivos con Iván Carballido, que, en los noventa, cuando era un joven y prometedor becario, trabajó como negro (ahora se dice ghostwriter, que queda más elegante, pero la acepción 17 del DRAE ahí sigue) en la redacción de la tesis de Iñaki Urdangarín para Esade. (Una de esas cosas que hacía Diego Torres y que tal mal le han sabido agradecer).

Carballido estuvo enredado en el caso Nóos, aunque solo como testigo, y no consta que su llegada a Roman esté conectada con el hecho de que allí trabaje Magalí desde hace diez años. Pero quién sabe.

Por cierto, Magallí, como sus hermanos, se apellida Fainé de Garriga. ¿A qué viene esa preposición separando los apellidos? Según las fuentes consultadas, porque así lo decidió su padre, que andaba necesitado de glamour.