Isidro Fainé ejerciendo de benefactor en su Fundación

El Gobierno quiere regular las fundaciones que quedan de las cajas

El Gobierno le está dando vueltas a las fundaciones bancarias y, como consecuencia de ello, a la Fundación «la Caixa» se le van a deshilachar las costuras. Como es sabido, la Fundación «la Caixa» es el chiringuito que Isidro Fainé se hizo a su medida para seguir mandando cuando el BCE  obligó a regular los sistemas de gobierno de las antiguas cajas.

La idea del Ejecutivo es reformar la ley de 2013 y profesionalizar las fundaciones bancarias con el mismo rigor que desde hace años viene imperando en los bancos cotizados. El objetivo es mejorar la gobernanza y la supervisión de estas instituciones.

Las fundaciones de las antiguas cajas, ahora convertidas en bancos,  son los últimos restos del naufragio de aquel desastre. Cuando se produjo la reconversión de las cajas, allá por la segunda década del siglo actual, una vez derrumbado el frágil sistema sobre el que se sostenían, todo se vino abajo menos los intereses de algunos que, bien protegidos, buscaron donde refugiarse del mejor modo posible.

Turbios intereses

Y lo encontraron en las Fundaciones, instituciones que en el sistema tradicional de las cajas eran un buen lugar para canalizar el diálogo con la sociedad, aunque en los últimos años del siglo veinte y en los primeros del veintinuno se hicieron un poco de lío y creyeron que dialogar con la sociedad era financiar a partidos y sindicatos, además de alimentar vagos. Las tarjetas black y estas cosas, por decirlo de un modo tajante.

Algunos supieron ir más allá. La Fundación «la Caixa», por ejemplo, se convirtió en un conglomerado extraordinario de inversiones opacas, intereses turbios y alianzas sospechosas. No es casual que una infanta de España llevé trabajando allí desde hace más de veinte años pese a los escándalos sin cuento que la han rodeado a ella y a su real familia.

En caixabankia.com vamos a escribir mucho sobre este tema porque lo merece y tenemos información, pero lo que ahora importa señalar es que Isidro Fainé va a tener un problema más y probablemente peor que el de Villarejo. ¿Cuál? Que el gobierno le va obligar a poner orden en su chiringuito. 

Transparencia y gobernanza

En el caso de la Fundación «la Caixa» esta decisión tendrá dos consecuencias evidentes y bastante inmediatas: un mayor control sobre las inversiones de la Fundación, que en la actualidad maneja un presupuesto de más 500 millones con una rendición de cuentas muy precaria, y una mayor racionalización del sistema de nombramiento de consejeros, actualmente caracterizados, más allá de sus cualificaciones profesionales, por el hecho de ser «amigos del jefe».

En esa doble vertiente, las participaciones de la Fundación en otras empresas del Ibex  merece un análisis detallado. Como lo merecen algunos nombramientos recientes, como el de Pablo Isla, recién incorporado como consejero de la Fundación en una maniobra extraña, relacionada, según fuentes conocedoras de los detalles, con su extraña salida de Inditex.

Sorprende, no obstante, que esta decisión gubernamental sobre la nueva ley de fundaciones bancarias apenas haya sido mencionada en los medios –salvo el caso de El Confidencial, que recibió una intempesiva llamada de los servicios de prensa de CaixaBank. Las grandes consultoras, por su parte, conocedoras de la situación, son perfectamente capaces de llenar páginas sin decir una sola palabra de interés sobre un asunto tan relevante.